Durante el recorrido de más de 6 km atravesamos bosques, caminos lugareños, picadas y puentes.
Una vez llegados, nadie se pudo resistirse a ese impulso primitivo de arrojar piedras al agua.
Una vez agotadas la energías que demandó la actividad, nos propusimos reponerlas almorzando unos ricos choripanes.
Por la tarde, y antes de la merienda, jugamos una búsqueda del tesoro donde era necesario ubicarse usando los puntos cardinales... a veces resultó difícil ponerse de acuerdo!!!
Y si, no queda otra. Hay que enfrentar el duro regreso cargados con el cansancio del día.
Tiempo libre para el aseo personal.
Cena y juegos recreativos en el comedor.

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